viernes, 25 de septiembre de 2020

La docencia en la genética

 Mi árbol genealógico se conforma, en su mayoría, por docentes. Mis abuelos maternos, Rubén y Lucila, se conocieron cuando estudiaban en la Escuela Normal por allá en los años 40'. No tengo recuerdo de la fecha en que se casaron, pero sí estuvieron juntos por muchos años compartiendo no solo su cariño y amor mutuo, sino que la pasión y vocación por la educación. De sus tres hijos, solo mi mamá decidió seguir el mismo camino, pero como educadora de párvulos, elección que nunca tuvo muy contento a mi abuelo porque él sabía lo que significaba la docencia respecto a sacrificios. En el caso de mis abuelos paternos, mi abuela, Liliana, era profesora de francés. De sus cuatro hijos, solo dos siguieron sus pasos, una de ellas es profesora de inglés y la otra también de francés. 

Crecí escuchando a mi abuelo Rubén hablar sobre los problemas de la educación, sobre como el rol del docente se había perdido y cómo él había formado tantas generaciones en una remota isla al otro lado del Estrecho de Magallanes. Mis abuelos se casaron en Puerto Natales, vivieron un par de años allá y entre el ir y venir a Punta Arenas, terminaron siendo parte del cuerpo educativo de la Escuela Mixta Superior N°1 de Porvenir. Allá mi abuelo era director y mi abuela inspectora, o como dice mi mamá, era el terror de los internos. Ambos entregaron todo su esfuerzo y vocación al tiempo en que vivieron allá. Mi mamá siempre cuenta que fue la época más bonita, Porvenir era una ciudad mucho más pequeña de lo que es ahora. Si bien tuvo de los primeros cines y muchos adelantos tecnológicos para la época al ser tierra de estancieros, estaba alejada de todo. Las corrientes que traía el viento del estrecho era el gran escándalo que proporcionaba la naturaleza, a diferencia del continente, con sus ruidos de camiones, autos, micros, etc. 

Fuente: Porvenir: un paseo histórico por la Tierra del Fuego chilena (Garay, s.f)

El trabajo que hicieron mis abuelos en Porvenir nunca imaginé que tendría tal repercusión. Siempre hablaba de que había sido alguien muy importante, que casi conoció a su ídolo Pedro Aguirre Cerda, razón por la cual nunca olvido su lema "gobernar es educar", para él el máximo político que pudo haber tenido el país. No tengo claro la tendencia política de PAC, pero con solo saber que incorporaba en su trabajo como presidente la educación, ya me queda claro la razón de por qué tanta admiración por parte de mi abuelo. Dentro de sus virtudes, mi abuelo era también un artista, tocaba la guitarra como profesional, cantaba como trovador y dibujaba como si hasta una simple servilleta fuera el mejor lienzo en blanco. Un alma bohemia sin duda, que dejó muchas marcas en las personas que lo conocieron. El día que falleció no pude viajar a Punta Arenas porque esa misma mañana me habían sacado las muelas del juicio, pero mis primos comentan que la iglesia estaba llena hasta las escaleras de afuera, mucha gente que jamás en su vida habían visto les dio el pésame por tal gran servidor de la educación en nuestro país. 

Hace unas semanas, tuvimos que entrevistar al entrenador de la selección de fútbol femenino de la UC. El apellido de él tenía aires croatas, pero la posibilidad de que fuera de Magallanes no era tan grande, la población inmigrante croata también se erradicó en Antofagasta, por lo que la exclusividad no estaba. Sin decir ni pío, Ronnie vio mi apellido y me preguntó si era de Punta Arenas, le confirmé sus sospechas y él me dijo que era de Porvenir. Calculando su edad, le pregunté si quizás conoció a mis abuelos y, para sorpresa mía, mi tata había sido su profesor y me comentó que lo recordaba con mucho cariño. Ronnie debe tener unos 60 y algo, pensar que después de más de 50 años todavía recuerda a su profesor del colegio me genera un orgullo enorme y me hace pensar en la marca que dejan los profesores en sus estudiantes. 

Tengo claro que mi abuelo, al igual que mis abuelas, fueron excelentes formadores de mentes independientes y pensantes, que jamás aceptaron que nadie les dijera que la educación no era esencial para un niño, niña o adolescente. Dentro de mis libros encontré uno que me regaló mi hermana en enero de este año y que se llama "Porvenir: un paseo histórico por la Tierra del Fuego chilena". Dentro de este libro hay un capítulo sobre educación y hay un párrafo completo dedicado a mi abuelo. A su vez, en Punta Arenas, en algún Liceo que no recuerdo el nombre, hay un mural pintado por él, por lo que su legado y entrega a las artes y a la educación sigue viva, a pesar de que él ya no esté.

Fuente: Porvenir: un paseo histórico por la Tierra del Fuego chilena (Garay, s.f, p. 62)


Y sí, el extracto anterior me recuerda a Paulo Freire y la importancia de que el docente también aprende, no solo el estudiante. Porque, al fin y al cabo, el proceso de aprendizaje siempre será un proceso bidireccional. Además, incorporando siempre al contexto social del estudiante, tanto a los padres como apoderados para así fortalecer y darle un sentido a lo que él siempre entregó.

A la fecha, tanto mi hermana como yo, si bien nuestras profesiones no son directamente la pedagogía, ambas entregamos parte de nuestro día a día a la docencia. Mi hermana como coordinadora de un ramo clínico de la carrera de enfermería en una universidad del sector oriente y yo con mis ayudantías y el trabajo en la municipalidad. A su vez, ella está cursando su magíster en docencia, igual al que también tengo. Por lo que las marcas de educación no solo quedaron en los estudiantes de mis abuelos, sino que también en su descendencia. 

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