El cambio a lo online no fue fácil, la adaptación fue, y sigue siendo, muy compleja. Los primeros días el cansancio, dolores de cabeza y dificultad de concentración opacaban las pequeñas esperanzas de volver a lo presencial. Los profesores intentaban darnos ánimos, desde mi posición como ayudante también lo intenté, sobre todo porque mi trabajo estaba en primer año. Su primer acercamiento a la vida universitaria, el primer salto a la verdadera adultez, se había visto, nuevamente, afectada por un evento no normativo. Primero fue el estallido social con su término de educación escolar y ahora el comienzo de la educación superior. Tratando de darles apoyo a ellos, olvidé de darme apoyo a mí misma y hubo un momento en que el cansancio primaba por sobre mis ganas de aprender. Mi formato de aprendizaje era estudiar en grupo, siempre nos juntábamos con mi grupo de amigas a repasar entre nosotras. A fin de semestre, para los exámenes, ya no queríamos ni vernos de lo monótono que se hacía el estudio, pero la verdad es que es lo que más se extraña de esos días.
Pensando en los primeros días de la pandemia, el formato desconocido del aprendizaje más autónomo (tipo Coursera quizás); el trabajar en grupo, pero sin verte entre tus amigos/as porque no todos tienen buena conexión como para aguantar la cámara, me hizo integrar un poco lo que he leído estas últimas semanas de las diferentes teorías de aprendizaje y, directamente, sobre Yrjö Engeström y su teoría del aprendizaje histórico-cultural. Este autor habla de la importancia del aprender a partir de la interacción con otros, que el aprendizaje ya no es solo memorístico o asociativo como postulaban los conductistas, sino que va más allá de un estímulo y respuesta. Para él, el aprendizaje involucra distintas herramientas, como el lenguaje y el por qué y para qué aprendo. No aprendemos solos, como yo tampoco concebía estudiar para los certámenes y/o exámenes sin mis amigas, sino que este se genera (siempre) en un contexto, en un tiempo, en un espacio y por medio de la interacción entre personas que comparten (o no) aspectos de la misma cultura.
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Fuente: Salas-Madriz. (2016). Aportes del modelo de Yrjö Engeström al desarrollo teórico de la docencia universitaria. Revista Educación, 40 (2), 1-22.
Será quizás obvio, hoy en día, pensar que el aprendizaje no se consolida solo repitiendo ideas y que se hace fundamental, para que este tenga un significado, el que sea por medio de la interacción con un otro. Pero si pienso en el momento en cuando se generó esta teoría, anterior a los 90', si es que no antes, busca romper con todos los paradigmas que antes se tenían pensandos. Directamente desde un cognitivismo puro, en donde somos lo que pensamos y nuestro aprendizaje se materializa en cogniciones y, luego, en la conducta, donde sigue habiendo elementos desde la individualidad sin considerar los aspectos contextuales.
Piaget nos habla de elementos cognitivos, directamente asociados a los esquemas mentales que poseen los niños dependiendo de su etapa evolutiva y cómo estos se van asimilando y acomodando para poder incorporar más esquemas y, así, pasar las etapas. Pero deja de lado esta idea de lo contextual, que después vemos en Vygotski, quien, sorpresivamente, es uno de los principales autores que habla de la importancia de este elemento como algo esencial en el aprendizaje. Además, no deja de ser uno de los autores que inspiran a Engestróm en sus postulados, de hecho, se basa en sus ideas para crear la Teoría de la Actividad Histórico-Cultural (CHAT).
Me queda mucho por aprender, por leer y por consolidar como aprendizaje y conocimiento. Pero sé que cada descubrimiento, pensando en Bruner, va a ser sorpresivo y me va a permitir forjar mi camino a lo que aspiro dentro del ámbito de la psicología, quizás, mi futuro está en esto.


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